Un homenaje póstumo

Don Juan, hoy escuchando música, he pensado en usted; me he acordado de aquellos buenos ratos que en familia pasábamos juntos, Juan, Araceli, Manuel, Juani, y el que subscribe; hablábamos de muchas cosas, comentábamos, opinábamos y habíamos hecho hasta algún pequeño proyecto juntos. Usted Arrancó de mí alguna pequeña colaboración para leer una de las lecturas de la misa, en alguna ocasión habíamos presenciado juntos algún evento deportivo organizado para obtener fondos con los que sufragar los gastos de la campaña de reyes de la parroquia. En fin, vienen a mi memoria tantos y tantos gratos recuerdos, son tantas y tantas las vivencias que podría relatar de su paso por aquí al frente de nuestra parroquia, que sería difícil hacer un resumen que aglutinara en su contenido tanto y tan bueno como hizo usted En su misión pastoral en Bornos.

Don Juan Gómez Román, Cura párroco de la parroquia  de Santo Domingo de Guzmán, Bornos, durante parte de las décadas de los 60 y 70, amigo de todos y muy particularmente de quienes más lo necesitaban; siempre al tanto de cualquier situación difícil por la que pudiera estar pasando algún adscrito a su parroquia, pendiente en todo momento de la evolución de  la enfermedad o alteración anímica de fulanito o menganito, sin importarle su rango social o estatus económico, un ser humano íntegro, cuyos valores éticos nunca podrán ser calificados en su justa medida por este humilde redactor. Desde que este verano durante mi estancia en Bornos, tuve noticias de su triste fallecimiento, me puse a pensar en la manera idónea de hacerle un pequeño homenaje modesto, pero emotivo y cargado de buenos deseos para su familia, a quienes en una buena parte, no tengo el gusto de conocer, pero a quienes transmito desde aquí mi más sentido pésame desde el respeto más considerado y en la seguridad de que El Juez Supremo le habrá reservado  un lugar destacado en el seno de los justos

 

“AL AMIGO.

Don Juan, se nos fue sin hacer ruído, como se van las buenas personas; gracias, gracias infinitas por tanto amor sin esperar nada a cambio; los que queremos ser considerados entre los bien nacidos, y tuvimos la dicha de conocerle y el privilegio de haber disfrutado de su extraordinaria calidad humana, nos sentimos obligados a rendirle un emotivo homenaje más que merecido; y aunque tristemente no se encuentre ya entre nosotros, queremos que sepa que aquellos a los que regaló desinteresadamente una buena parte de su vida, le recordamos y hacemos valer como nuestros, los buenos principios éticos que fueron su santo y seña y que sin duda constituyen una huella digna de ser tenida en cuenta por la gente de bien y confiamos en que desde el más allá, permanezca siempre vigilante para evitar contratiempos que pudieran surgir en nuestro devenir cotidiano.

 

José Nieto López

Artículo enviado por José Nieto López por medio del sistema de publiación de pazante.com.

Sin votos