Pregón de la Semana Santa a cargo de Don Luciano Lobo Marchán

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Don Luciano Lobo Marchán nos ha hecho llegar el pregón de Semana Santa que el pasado Domingo 10 de Marzo llevó a cabo en la Parroquia Santo Domingo de Guzmán.

Ilustrísimo Señor Arcipreste y Párroco de Santo Domingo de Gúzman de Bornos, Reverendo Señor Párroco de San Juan de Ribera, Ilustrísimo Señor Alcalde , Señora Catedrática en derecho matrimonial de la facultad de Cádiz, Señora Decana de la facultad de Jerez de la Frontera, miembros de la corporación municipal, señores miembros del Consejo Parroquial, señor Delegado de Hermandades, señores Hermanos Mayores de nuestras Hermandades de Bornos , mamá, papá, mi querida Carmen y demás familiares y Hermanos en Cristo:

Reconozco que desde siempre he sentido gran admiración por ilustres oradores que, llevados por hondos sentimientos y un profundo conocimiento de las tradiciones, las cofradías, la imaginería religiosa y las procesiones, han realizado un encendido y apasionado cántico de la Semana Santa, como brillante preludio y elogio de las celebraciones populares que están por llegar.
Quien os habla, dados mis treinta años, se confiesa un pobre conocedor de ese mundo de la Semana Santa, enraizado en el saber popular. Por ello, no se sorprendan ustedes si estas mis palabras de los próximos minutos no van a constituir un pregón tradicional.

Como la señorita Paquita o Mª Pepa me enseñaron desde siempre en el colegio, cuando uno no sabe muy bien el significado de una palabra hay que recurrir al diccionario. Dicho y hecho.

Dice el Diccionario de la Lengua Española que pregón es:
1.- Promulgación o publicación que en voz alta se hace en los sitios públicos de una cosa que conviene que todos sepan.
2.- Discurso elogioso en que se anuncia al público la celebración de una festividad y se le incita a participar en ella.

Como bien podéis comprobar, este segundo significado del termino es al que me he referido antes, cuando hablaba de cántico encendido y apasionado como brillante preludio y elogio de algo, y es lo que voy a intentar hacer.

Después de pasar por aquí los trece pregoneros que me han precedido, desde el primero de ellos allá por el año 1998 de la mano de Don Francisco Vega Baena hasta el último de ellos que aún hoy algunos siguen saboreando de la mano de Don Pedro Bueno Jiménez, poco me queda que decir sobre la Semana Santa de Bornos. Mal podría yo hacer justicia a la rica tradición de la celebración de la Semana Mayor de un cristiano si tuviese que describir sus raíces, la evolución que ésta ha experimentado a lo largo del tiempo, la autoría de las imágenes que salen de las cofradías, los desvelos de sus cofrades para hacer posible los desfiles procesionales y tantas cosas que se me escapan al menos de la vista.

Siendo así las cosas, únicamente puedo ofreceros como pequeña aportación unas palabras que nacen de unos recuerdos muy queridos por mí, y de mi concepción de la Semana Santa. Es por tanto, mi intervención una evocación y reflexión personal. Sirvan una y otra de anuncio de estas celebraciones y de invitación afectuosa a participar en ellas como verdaderos cristianos.

Al reflexionar en voz alta acerca de mi vida de cristiano he de empezar hablando de la herencia tan majestuosa que me dejaron mis dos abuelas, Dolores “la del cacho“, viuda de Diego el Monejo, y Josefa Correa, más conocida por todos como “La Correita”. Dos personas tan distintas como la noche y el día, cada una celebrando la Semana Mayor de manera distinta, cada una rezando en sitios distintos, y a la vez unidas por su inmenso amor a Jesucristo clavado en la Cruz. Dios mío, que grande fuiste al ponerlas en mi camino.

La primera de ellas poco pude disfrutarla. Contaba yo tan solo con seis añitos cuando se marchó a la casa del Padre, sin embargo, a parte del recuerdo de los regalos que los Reyes de Oriente dejaban para mi y mis hermanos cada cinco de enero en su casa, aún puedo sentir como su mano abrigaba la mía las mañanas de domingo de Octubre, cuando, muy temprano, sin saber por qué, salía de su mano camino de la iglesia para rezar un Rosario por las calles. Su abrigo largo y negro, su misal, su Rosario plateado,,,,, cuántas veces cierro los ojos en el Rosario de la Aurora y como si de magia se tratase vuelvo a sentirme ese niño y siento su voz y el calor de su mano sobre la mía.
La segunda de ellas, mi abuela Correita. De ella pude disfrutar muchos años más. Con diez años llegué a su vida, a su humilde casa de la calle Cuevas donde encontré una persona que ha marcado mi vida para siempre. Ella me enseñó a darle gracias al Señor por todo, hasta por poder pagar la luz. Sorda y analfabeta supo inculcarme el amor a su Dios, a su Señor, a su Jesús que siempre tenía en la boca. Y, aunque de noche volvía con mis padres, yo me sentía su protector. De ella me viene el amor desmedido que siento hacia los ancianos, hacia los necesitados, hacia el que sufre.
Una y otra, hoy, en la banca principal del Templo Celestial son testigos de esta ceremonia junto con su Dios, y se a ciencia cierta que así es. Y lo afirmo porque, cuando le llegó su último día a mi abuela Josefa, después de pasear tranquilamente por la orilla del pantano me dijo que se iba con su Dios, que hoy era el día. Extrañado dije que esta mujer a sus casi 90 años estaba empezando a desvariar. Ayyyyyyyyy , que el que desvariaba era yo, y bien que desvariaba . Se fue apretándome la mano, con una sonrisa en los labios. La que era sorda recuperó su oído y pudo mantener una última conversación conmigo, con su niño, con su Chico como me llamaba. No se me olvidarán sus últimas palabras: “Chico, me voy con mi Dios, no me llores que hasta en mi último día no me he sentido sola. Lo veo, aquí está. Me voy con Él. No llores te digo, que lo que hoy lloras dentro de un año reirás”. Y cerró sus ojos a este mundo para siempre.
Que terrible la pérdida de mi abuela. Que cosas tan raras me dijo pero a la vez, me abrió los ojos. Dios ese día estuvo algo despistado. Se dejó la puerta del cielo entreabierta y pude ver un trocito del cielo. Me dejó verla con un pié en este mundo y otro en el mundo celestial. Yo pensaba “¿cómo es posible que con tanto miedo que le daba la muerte la haya aceptado de esa manera? ¿por qué me dijo eso de “lo que hoy lloras dentro un año reirás? Incógnita que desapareció al año, claro que desapareció. Mi abuela murió un 13 de diciembre del 2004 de la manera más inesperada, y un 13 de diciembre del 2005, el mismo día y a la misma hora en que ella abandonaba el mundo de los vivos para siempre, y justo un año después, de la manera más inesperada llegó a mi vida uno de mis soles, una de las razones de mi existir….. mi niño Lucianito. El que no quiera ver que no vea. Yo lo he visto. Viví la fe popular de las gentes sencillas. Ya decía Jesús: “Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra, porque, si has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, se las has revelado a la gente sencilla”.

Cambian las modas, avanzan los tiempos, aumentan los problemas, nos preocupan las noticias, perdemos el tiempo, nos angustian las prisas y sin embargo como algo estático, inmóvil en el vacío del tiempo inexorable e impermeable al paso de los años, nuestro amor a Dios se va a repetir un año más en manifestación popular en las calles de nuestro pueblo. De nuevo le diremos en la calle que le queremos, de nuevo llorarán nuestros ojos con su sufrimiento, de nuevo lo llevaremos a la calle como si nada hubiera ocurrido y es que cielos y tierras pasarán más su palabra no pasará.
Con el Domingo de Ramos, en nuestra procesión de palmas vamos a aclamar al rey de nuestras vidas, seremos como los hijos de Sión que aclaman a su Rey montado en un pollino, y luego, un poco más tarde cómo si sin memoria nos hubiéramos quedado lo dejaremos de lado y no tres como Pedro, sino cientos de veces diremos que no le conocemos. Pero no importa hermanos, así está hecho el linaje humano, desde la miseria y la hipocresía, desde el fango y la bajeza Jesús nos comprende y acepta. Por nosotros se entregó, no por los perfectos y los Santos sino por todo el que sabe reconocer que sin la mano de Dios y el cobijo de su Madre María, a la deriva vamos.

En el ámbito religioso me considero miembro de una gran familia. Dentro de ésta he recibido una educación, una fe, unas tradiciones que también han marcado mi personalidad para siempre. Parte de los cimientos de esta familia se fundaron precisamente donde hoy nos encontramos, en este mismo templo. Con tan solo siete años llegué a este altar de la mano de mi querido Don Jesús. Saltándose un poco la costumbre me hizo monaguillo antes de hacer la Primera Comunión. Aún recuerdo con claridad la primera vez que me puse mi túnica blanca y salí con él a participar activamente en la misa. Quien me iba a decir que hasta los 21 años seguiría de monaguillo. Don Jesús ha marcado mi vida para siempre. De su mano fui bautizado, de su mano recibí el Sacramento de la Comunión, él me aleccionó en el sacramento del matrimonio. Me definía como su lazarillo. Me encantaba que me llevase de monaguillo a Espera o Villamartín. Me sentía alguien importante. Cuántas carcajadas echamos juntos por los rincones de este templo.
Al hacer ahora acopio de tales vivencias, una idea destaca sobre las demás: las celebraciones en la calle, y en particular, las procesiones eran para aquel niño que os habla una auténtica representación de la Pasión de Jesucristo. En el rostro dolorido del Señor Amarrado a la Columna o de Nuestro Padre Jesús Nazareno, en la serena expresión de Soledad en la Virgen o en la palidez mortal del Cristo en el Santo Sepulcro, mis ojos, ajenos a cualquier otro detalle exterior, veían una auténtica imagen de lo que habíamos escuchado en la iglesia en los Oficios del Jueves o el Viernes Santo. Participar como monagillo en aquellas procesiones por la calle era como convertir en realidad los textos del Evangelio, como vivir y sentir las escenas de la Pasión narradas por los evangelistas.
La memoria de la niñez y la adolescencia me lleva a recordar también otros instantes y detalles de la Semana Santa en este mi pueblo:
-----El silencio de la Hermandad de la Vera Cruz el Martes Santo por la noche.
-----La escena en apariencia sorprendente de personas descalzas sentadas alrededor del altar a quienes don Jesús lavaba los pies en la celebración de la Eucaristía del Jueves Santo.
-----El fervor en el traslado del Cuerpo del Cristo al Monumento la tarde del Jueves Santo y los turnos de vela del Santísimo.
-----La emoción contenida, que a veces desembocaba en lágrimas en la salida de las imágenes desde la Iglesia o las Ermitas.
-----La manifestación de penitencia de personas anónimas que, cubiertas por el capirote, soportan en sus hombros una cruz pesada o arrastran los pies descalzos.
-----El altar desnudo de su revestimiento.
-----La Adoración de la cruz en la iglesia. Veneración del árbol donde estuvo clavada la salvación del mundo.
-----El volteo de campanas la noche del Sábado Santo, las velas pequeñas en las manos, encendidas en el fuego, símbolo de la luz de Cristo en nuestras vidas.

Desearía ahora ahondar, aunque sea brevemente, en el significado de lo que aquí nos convoca; la celebración de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Cada uno de nosotros vive la Semana Mayor con distintos grados de intensidad, de fe o de coherencia, pero a todos nos llega el mensaje de Jesús. La trascendencia de estos acontecimientos sobrepasa cualquier otro hecho de nuestra civilización, simplemente por su dimensión sobrenatural, divina, que penetra en el corazón de cada hombre, de cada mujer y los transforma.
El Jueves Santo es ante todo el día del amor fraterno. Antes de beber su amargo cáliz, Jesús se reúne con sus discípulos. Dice el evangelista San Juan: “Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo”. Quiere hablarles, estar con ellos, hacerles confidencias de amigo, enseñarles y finalmente ofrecerse a ellos en su mismo Ser a través del pan y del vino. Es su despedida íntima.
Yo, en la noche del Jueves Santo adoro al “Jesús escondido”, como les gustaba llamarlo a Lucía, Jacinta y Francisco, los tres pastorcillos de Fátima en Portugal. Es un momento de intimidad con el Señor, de plegarias a Él, de recuerdo de seres queridos que ya no están, de unión con Él, siguiendo su propia invitación. Juan, el discípulo predilecto de Jesús, la describe así en su Evangelio: “Yo soy la vid, vosotros los sarmientos, el que permanece conmigo y yo con él es quien da fruto abundante, porque sin mí no podéis hacer nada“.
Pero antes de eso, Jesucristo nos enseña el valor supremo del servicio a los demás en el acto del lavatorio de pies: “¿comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis Maestro y Señor, y con razón, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros, porque os he dado ejemplo para que hagáis vosotros lo mismo que yo he hecho.”. Y a continuación nos hace un encargo sencillo y exigente a la vez, síntesis de toda ley humana y divina, que encierra una manera única de vivir: “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros, igual que yo os he amado, amaos también vosotros. En esto conocerán que sois mis discípulos: en que os amáis unos a otros. Este es su mensaje de amor y servicio. Ahora se encamina al sacrificio en la Cruz.

ES MIÉRCOLES SANTO.

Tras ser atrozmente azotado y flagelado, y ante la triste mirada de su madre María del Mayor Dolor, Jesús sufre escarnio y burla humillante, es aborrecido por la muchedumbre y finalmente condenado injustamente por las autoridades. Que rebelión de nazarenos se junta en la ermita de la Resurrección. Todos seguimos al Señor Flagelado, todos rezamos a su dolorida madre, pero…..¿Cuántos somos capaces de salir de esa muchedumbre y defenderlo’? ¿Quién es capaz de gritar la injusticia de su flagelación? Todos nos quedamos mudos, todos hacemos lo que hacen los demás, y ya no recordamos que al que hoy azotamos con los desaires del día a día, un día nos regaló el milagro de la
Resurrección.
Allí, la del Mayor Dolor va bajando la calle Graná:
Un pobre viejo desde cualquier reja de cualquier casa encalada de cualquier rincón de la calle dice:
Para el paso capataz, que quiero verle la cara,
quiero ver su sonrisa y la luz de su mirada.
Para el paso, capataz, que tú la ves por delante, y yo, ya ves,
soy muy viejo, y apenas veo su semblante.
Quiero decirle un piropo,
quiero rezarle una salve,
y dejar mi fé prendida,
en sus benditos varales.
Para el paso, capataz,
aunque solo sea un instante,
quiero secarle sus pestañas, consolarla en su llanto,
y enredarle una oración en su divino rosario,
Para el paso capataz,
que su mayor dolor presiento.
Virgen del Mayor Dolor, quiero ser tu consuelo
y mitigar tus angustias
y ser refugio en tu seno.
Páramela capataz, que andar de prisa no puedo,
que son muchas primaveras
las que dejé en el sendero.
Llévatela capataz que ya he visto su cara.
Y tú el año que viene,
cuando pases por mi casa,
para el paso capataz
y rézale por mi alma.

Pero la Flagelación es solo el principio de los tormentos de Cristo. Vendrá luego el simulacro de juicio y la condena, algo en lo que todos hemos colaborado de una u otra manera. Judas, un hombre traidor como nosotros, lo ha vendido. Pedro, un hombre cobarde también como nosotros lo ha negado tres veces, Pilatos, un hombre hipócrita como nosotros, los discípulos, hombres inconstantes también como nosotros lo han dejado solo, lo hemos dejado solo.

 

ES JUEVES SANTO.

Y he aquí, como resultado de todo esto, a Nuestro Padre Jesús Nazareno a hombros de sus costaleros. Con la frente ensangrentada por las espinas de su corona, con sus músculos destrozados por los azotes, con el corazón rebosante de amargura por los sufrimientos y las traiciones, Cristo, cargado por el pesado madero, sube en silencio la cuesta Villalón.
Nazareno Bornense,
mirándote ese Jueves en tu divina cara contemplo
unos labios que adoctrinaron a las muchedumbres,
que calmaron el furor de la tempestad,,
que hicieron salir a tu amigo Lázaro de la tumba,
que abrieron a la Humanidad en el Sermón de la Montaña un panorama de infinita belleza…
Ahora callan.
Señor de la palabra, nunca ha sido mas elocuente tu voz que ahora,
que se ha tornado en un silencio de resonancias infinitas.
Enséñanos Nazareno, a callar y obrar,
a ser con el testimonio testigos de tu muerte y tu resurrección.

Ya sale por la puerta del perdón:
No lo mováis costaleros,
o movedlo despacito,
¿No veis que está sangrando y es un cuerpo bendito?
Vamos costaleros, que no os falten las fuerzas,
que no decaiga vuestro esmero,
Aliviadle el picazón de sus espinas clavadas.
Hacia el Gólgota camina
con la cruz pudiendo apenas
y la sangre de sus venas van vistiendo su pasión.
Esa sangre sacrosanta
que mil mundos salvaría
haz que libre el alma mía
de la estrecha perdición.
Dulce Jesús Nazareno
que la cruz lleváis por mi,
en la vida y en la muerte,
SEÑOR ACORDAOS DE MI”.

 

PLEGARIA A NUESTRO PADRE JESÚS.

Junto a ti mi Nazareno, mi Virgen de los Dolores. De haber sabido cantar, todos los años te alfombraría un cacho de calle con mi voz, para hacer mas blando tu pisar y más suaves tus dolores. De sobra conoces mejor que yo mismo, lo que siento por tu hijo, por tu Nazareno de mi pueblo.
Madre de Dios y Madre nuestra, que nos socorres en los momentos más difíciles, que con esos ojos luminosos y misericordiosos, me haces pensar que una de las más bellas ocupaciones de tu amor maternal es mirar y guiar nuestros pasos a veces equivocados o perdidos, y Tu, como Madre Bondadosa, atenta, vigilante, nos corriges y nos señalas la senda recta para llegar a tu Hijo, Dios Nuestro Señor. Qué contenta te sentirás, aunque no mitigue del todo tu dolor, cuando ese ramillete de costaleros, año tras año, abrazan tus bárrales para procesionarte hasta mil veces si falta hiciera. Infatigables Marianos que el brillo de sus ojos dice claramente que lo hacen por penitencia y amor hacia Ti !A su Virgen de los Dolores! Y Tú, de alegría tus penas alivias y bajo Tu manto a todos acoges.

 

 

A Ti madre afligía,
no sé lo que dedicarte,
que aunque tu pena hago mía,
poca cosa es mi poesía
para poder consolarte.
No consigo imaginarme
desde mi mayor fervor,
mi miseria y mi torpeza,
si es más grande tu dolor
que sublime tu belleza.
Por eso, sólo un suspiro lanzo a tu paso sereno
que despierta mil amores….
Ayyy Madre del Nazareno, Mi Virgen de los Dolores!.

 

HERMANDAD DE LA VERA CRUZ

Ya con Cristo Flagelado, con Jesús habiendo arrastrado su madero camino del monte Calvario nos encontramos ahora al Salvador clavado en el madero. El silencio de la hermandad de la Vera-Cruz nos hace pensar. Delante va el crucificado, sin aparente escapatoria. Sólo un rayo de Remedio va caminando detrás. Se encamina al sacrificio en la Cruz: En nuestras mentes tres palabras no paran de saltar: Cruz, Perdón y Redención. Jesús ha sido crucificado sin remedio humano y su primera frase al verse en el madero es “”Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen” Señal ésta de suma misericordia y perdón de un Dios Todopoderoso, que ha renunciado a todo remedio, a toda defensa y que en su mirada casi asfixiada por los rigores extremos de la cruz nos encontramos un ejemplo de sublime perdón.

 

 

 

 

Cuando al Cristo de la Vera Cruz veo
Clavado en esa Cruz por mis pecados
Con el rostro ensangrentado
Como el más vil y miserable reo
En mis carnes Jesús sentirme creo
Los clavos de tus pies amoratados y
El agudo dolor de tus costados
Es de morir sufriendo mi deseo.
Es tanta mi amargura, Cristo de la Vera-Cruz
Que no sabiendo como consolarte
En tu piedad sin límites confío.
Mi amor se sacia con besarte
Y en mi rendido desvarío
Ganas me dan Cristo de desclavarte.

 

Y que decir de ese Remedio que siempre nos consuela. De ese Remedio que elegante luce por las calle de nuestro pueblo.

 

De entre el dolor y la pena
El silencio y el incienso
Surge una sonrisa en el cielo
Y no la traen los ángeles
Sino mi Virgen de los Remedios
Soberana donde las hayas
Todos buscan su consuelo
Iluminando el camino
De los que han perdido el sendero
Ayyyyyyyy, cuánto te quiero mi Virgen de los Remedios.

 

 

 

HERMANDAD DEL CRISTO DEL BUEN AMOR

Es el Cristo del Buen Amor, el que bien nos quiere, el que nos consuela cuando ni él mismo encuentra consuelo en la Cruz. Procesiona muy cerquita de Bornos. Es el Cristo del Buen amor el que impregna de tranquilidad y amor las calles de Coto del Bornos. Hermandad del Coto de Bornos que tanta ilusión pone en sacar su Buen Amor y a su preciosa Aurora.

 

El amor es el sentimiento más puro del alma
Expresa el corazón la más bella distancia
Entre la vida y la muerte
Es el lazo que une los pensamientos
Con el aire invisible de la tarde
El amor es mirar la sonrisa como siempre
Así el delicado sol de la Aurora temprana
Será el espejo del destino de nuestro rodaje
La cara del Cristo del Buen Amor
No es una cara cualquiera
El Cristo del Buen Amor nos llena de alegría nuestras vidas
El amor es Santo, el Amor es puro, el amor es bueno
Viva el Cristo del Buen Amor.

 

Detrás de ti, Buen Amor, la Aurora marcha serena.

Dios te salve, María Aurora
Luz de nuestro despertar
Que en un rincón de Bornos
Tienes devoción y altar.
Al alba en la amanecía
Mi pueblo viene a rezar
Y te da los buenos días
Por tu iglesia al pasar.
Aurora de la Mañana
Milagrosa y virginal
Mi Madre pura y temprana
Sin pecado original
Aurora de la Mañana
La que es consuelo y amor
La que sostiene en su mirada
Al divino Buen Amor

 

YA ES VIERNES SANTO.

Permitidme cerrar los ojos y volver 26 años atrás. En una pequeña ventana del número 29 de la calle Calvario, un viernes Santo sombrío dos niños se asoman para verlos pasar. Cuánta emoción contenida. Te recuerdo especialmente a ti, hermano mío, compañero de juego, mitad mía que fuiste elegido por Dios con tan solo cinco años para convertirte en ángel de mi guarda, en dulce compañía espiritual para mamá y papá. Cuánto significado tiene el Viernes Santo en nuestras vidas. Cuando fui creciendo descubrí que no solo mi madre compartía un dolor infinito por la pérdida de un hijo. También tú, mi Virgen sufriste lo mismo. Carita de Soledad, Carita de Dolores, Carita de Amargura. Las mismas caras que yo recordaba pero que con el tiempo y el amor a Nuestro Señor se fueron convirtiendo en caras de Alegría, de Divinidad, de Rosario de primer domingo de Octubre.

Ya la redención del mundo se ha cumplido, aunque a veces no seamos dignos de ella por nuestra infidelidad a Jesucristo.

La puerta del Calvario se abre, como cada Viernes Santo. Tu Santo Sepulcro está en la calle. Atardecer triste el del Viernes Santo. La comitiva de la Hermandad del Santo Entierro llena la ermita. Los capiruchos en la calle hacen el pasillo de máximo respeto. Comienza el doloroso tránsito,, saturado de amargura, soledad y dolor que esta Cofradía sabe poner en la calle, encontrando el respeto y el silencio de todo el pueblo, que apaga sus rumores, que convierte su mirada en la más honda de las meditaciones y deja traslucir en los labios la más sincera oración.
¿Quien un Viernes Santo contemplando la majestuosa urna sagrada no ha recordado la situación en que se ha visto cuando ha tenido que enterrar a un ser querido?.
La frialdad de la muerte recorre nuestras venas, los vellos se nos ponen de punta. EL Señor fue tan humilde que hasta enterrado fue como nosotros.
!Que suerte tenemos
Cofrades del Santo Entierro
Viviendo la magnitud de su aparente muerte
Bajo su majestuoso Cuerpo muerto!
!Que suerte también la vuestra
Mantillas de negro duelo
Que podéis acompañarlo
Mirando el Sepulcro lleno
De esperanzas y armonías.
Que recompensa tan merecida para tu esfuerzo
Mi querido Hermano Mayor del Santo Entierro,
Mi querido y admirado Aguaó
Que siempre anónimo entre tus cofrades vas
Entre tu Junta de Gobierno.
Permitidme un momento de orgullo,
Esta es mi cofradía
Mi Hermandad del Santo Entierro.

 

La tarde teje una negra alfombra de pena sobre el Calvario esbozado en sierra y olivos. La fría rigidez de la muerte hiela las últimas luces del ocaso, vistiendo de enlutados penitentes la calzada del Calvario. El cuerpo de Cristo yace sobre blancas sábanas, almidonadas y perfumadas con encajes de azahar de los naranjos de nuestra calle. La urna funeraria dibuja destellos multicolores entre sus limpios cristales, que juegan a ser espejos para reproducir la dramática realidad. Cuatro cirios en sus esquinas alumbran la apagada luz del Salvador del mundo.

La Hermandad del Santo Entierro se dispone, con el respeto de siempre, a pasear la inmensa muerte de Jesús por los bajos de su ermita, por las calles de nuestro Bornos y por las almas de sus bornenses.

 

 

Negra tormenta de negro luto de tiniebla
Negro ocaso inunda el cielo
Negros rostros que tiemblan
Con tan solo verte pasar.
De Oro y negro es el lecho
Que mece tu cuerpo inerte
Negro el rostro de tus costaleros
Que acunan tu muerte al hombro
Un velo de llanto cubre
La calle San Sebastián
Esperando tu cortejo, en el templo principal
Angelitos en tus cuatro esquinas
Aguardan tu cuerpo Santo
Sueñan un cuerpo dormido
Pálido en reflejos sin manto
Destellos de azahar e incienso
Aroman a Cristo Yacente
Oídme mi Cristo ha muerto
Oídme ya me quedé solo
Quién podrá ahora mostrarnos
La Salvación infinita?

Ya detrás de tu cuerpo, te acompaña tu abnegada Soledad.

 

 

 

PLEGARIA A LA VIRGEN DE LA SOLEDAD.

 

 

 

 

 

 

Estás muerto y aunque La Soledad te acompaña detrás, jamás te dejamos solo. Todo un pueblo te reza y pide perdón por la parte de culpa de tu tragedia:

Soledad, blanca flor, rosa del cielo
Del mundo entero bonita entre las mujeres
Magnífica talla de cara irrepetible
Que marchas triste, sola y afligida
Reflejando en tu carita solitaria
La tristeza de una tarde de duelo.
Capas negras para noche oscura
Estación de penitencia y recogimiento
Tu hermandad, de larga y esplendorosa trayectoria cofrade
Te ofrecerá el funeral que Tu hijo merece como Rey de Reyes que es.
Todo es silencio y pasión, todo es promesa y devoción , penitencia y oración
Que Bornos entero profesa a tu bella procesión.
¡Costaleros! ¿Qué lleváis encima? ¿La Luna? ,¿Las estrellas?, ¿un brillante lucero?no,, nada de eso.
Es el resplandor que la noche ilumina
Soledad desgarro y tormento.
Llora, llora la Madre del cielo,
Llora y pena por su Hijo muerto.
Soledad que pasea las calles
Sobre el dorso de sus costaleros.
Que su esfuerzo Señora, les lleve a encontrar la paz y el consuelo
Y tu amor impregne su alma con su !orgullo de ser costalero!.

El monte Calvario se apaga
Y como por encanto, el murmullo de las voces va cesando hasta hacerse el silencio total, solo queda el suave siseso para acallar a los más pequeños que revolotean entre cirios. Es difícil contener las lágrimas, son muchos los recuerdos y emociones que afloran a la vez.

 

SOLEDAD: Ves entrar al Yacente en su urna de cristal, lo acompañas Soledad y en un silencio tenso va entrando tu cortejo. Helada nuestra alma tu pasión ha dejado y va siempre contigo nuestro dolor callado. Tu hijo yace inerte, pero sin embargo, en tus labios divinos se esconce una cómplice y disimulada sonrisa: esperas a ciencia cierta el gran día de la Resurrección.

Amanece el sábado. Silencio y mediación. Nos preparamos para la Pascua. Al filo de la medianoche, el pueblo de Dios se reúne en su templo para celebrar con su comunidad la fiesta más grande del año litúrgico: La Pascua. ¡Cristo ha resucitado!. Para expresar tal alegría, las campanas son alegremente volteadas en el “Gloria”. Es como si nos liberáramos de un gran peso y en consecuencia, nos hiciera sentirnos más ligeros. Jesús, Resucitado y Triunfante, junto a su madre la Virgen del Rosario se visten de alegres sentimientos:

Virgen del Santo Rosario
Eres vida y esplendor
En Ti se ampara mi Bornos
En alma y corazón.
Todos te veneramos,
En tus benditas manos acógenos
Perdónanos los pecados,
Te los pediomos con fervor.
Eres fuente inagotable
De oración y de amor,
Eres templo inigualable
De tu Hijo Redentor.
Por las calles de Bornos,
Cada primer domingo del bendito mes de Octubre
Te llevamos en procesión,
Entre cantares y vítores
Te pedimos la bendición.
No nos abandones nunca,
Llévanos en tu corazón,
Rezaremos todos juntos
Por nuestra eterna salvación.
VIVA LA VIRGEN DEL ROSARIO, VIVA NUESTRA PATRONA.

 

 

 

Alegre es el sentimiento que nos embarga. Se palpa en el ambiente. Ya no hay penitentes rojos, negros o morados. Toda la vestidura irradia luz y colorido. En todos los semblantes, alborozo y alegría que se contagian con rapidez. Ahora la alegría ha superado con creces a la fatiga, al dolor y a la preocupación de los días pasados. La entrada de nuestro Jesús no puede ser más triunfal en nuestras vidas. La Virgen, cada una en su advocación, es piropeada. Jesús sonríe y, ya Resucitado, y en la grandeza y humildad a la par de todo un Dios, ofrece el triunfo de su resurrección a la Madre que siempre estuvo con Él y no le abandonó.

Gracias mil veces Señor,
Porque me dejaste ver que más allá de la muerte
Lejos de hallar aflicción está la inmensa alegría que fue tu Perdón y Gloriosa Resurrección.

Termino este pregón dejando mi particular mensaje, que dice así:

“Humildad y Paciencia, Vera Cruz, Cristo del Buen Amor, Flagelación, Nazareno, Calvario, Virgen del Rosario: Somos una sola hermandad, la hermandad de los hijos de Dios, los Cristianos que en estas fechas rememoramos su sufrimiento por todos nosotros, su muerte y su resurrección y lo hacemos dándole todo el esplendor y realce a la Semana Santa de que somos capaces. Creo que siempre lo hemos conseguido”.

Y hago alusión a las palabras que el Papa Benedicto XVI dirigió a las hermandades en un encuentro mantenido en noviembre de 2007 y que guardo como un tesoro en mi casa: “La Iglesia necesita a las cofradías para llevar el anuncio del Evangelio de la caridad a todos”. “Vuestras cofradías deben seguir
siendo escuelas populares de fe vivida y talleres de santidad; deben seguir siendo en la sociedad “fermento y “levadura” evangélica contribuyendo a suscitar la renovación espiritual que todos deseamos.

 

 

Y por último me vais a permitir que exprese mi agradecimiento a todos los que me han apoyado espiritualmente desde que me encomendaron esta labor: mis abuelas, mi hermano Juan Jesús, mi suegra Angelita, mi suegro Francisco, Maria Antonia Barea y todos los difuntos que siempre tengo presente en mi vida diaria y tanto me siguen ayudando en mi caminar de cada día.

Y con el deseo de que, cuando los que estamos aquí hoy reunidos ya no estemos en este mundo, más allá de nosotros, más allá de nuestros hijos, más allá de los hijos de nuestros hijos, por siempre y para siempre….. ¡Viva la SEMANA SANTA!.

HE DICHO.
 

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