Injustamente Olvidado, D. Hilario

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Cuando de niño escuchaba a nuestros mayores los comentarios que hacían sobre la persona de D. Hilario de Francisco Cifuentes, me llamaba poderosamente la atención que todas las personas hablaban muy bien de él independientemente de si eran gente de una mayor o menor posición social.

Con el paso del tiempo fui interesándome por el personaje y descubrí la enorme aportación que este excepcional hombre aportó a nuestro pueblo.

Ingeniero de profesión era natural de Getafe, su primera esposa, Brigida, nació en Biarriz. Tuvo con ella cinco hijos, cuatro hembras Maruja, Ángela, Isabel y Concha y un varón Jose Ignacio, que murió en el frente, en la guerra civil española. De estas cuatro hembras dos se hicieron monjas, habiendo fallecido una de ellas recientemente. Su segunda esposa se llamaba Clara y con ella tuvo tres hijas Carolina, Carmen y Margarita.

A primeros del siglo XX se desplaza a Bornos para proceder a la instalación de la red eléctrica de nuestro pueblo y de otros cercanos de la sierra Gaditana. Enamorado de Bornos, de sus gentes y de su extraordinaria belleza, decide invertir en él. Crea la fábrica de harinas y pan situada en la parte alta del pueblo donde él había adquirido unos terrenos para tal fin.

Una vez terminada la fábrica de harinas y pan en un enclave maravilloso, se invita a la inauguración a bastantes personalidades y como es natural a su familia. La impresión que les causa a sus familiares el pueblo, es tan gratificante que tres de sus sobrinos deciden comprar tierra y quedarse con nosotros. Estos son Luis, Juan y Hilario de Francisco, que a sus 87 años aún se encuentra entre nosotros.

La distribución de la harina por todos los pueblos de la sierra, así como los de la bahía, la hacían sus propios camiones, contando en aquella época con varios. Entre ellos cabe destacar un mercedes y un alfa romeo.

A su muerte se hizo cargo de la empresa su yerno D. José Camuñas abogado sevillano y según los que le conocieron también una excelente persona.

Parece ser que a raíz de hacerse cargo de la empresa el sr. Camuñas y debido a que no le podía prestar la atención necesaria, es por lo que acaba cerrando la mayor empresa que ha existido en la historia de Bornos. Llegó a contar en los momentos de su máximo esplendor, con una treintena de trabajadores.

 

 

 

 

 

D. Hilario accede a la alcaldía de Bornos a mediados de Junio de 1924 y permanece en el cargo hasta el 15 de febrero de 1930, a partir de ese momento y debido a la multitud de trabajo que en ese momento tenía, decide renunciar al cargo y se queda en la corporación como concejal del área de
fomento, posteriormente hasta que salta la república, como primer teniente de alcalde, según consta en las actas que figuran en nuestro ayuntamiento correspondientes a esas fechas.


A partir de la proclamación de la segunda república española se centra en sus negocios y deja al margen la acción política.

Durante su mandato como alcalde, dona los terrenos para la creación de un grupo escolar, que va a contar con tres aulas para niños, llamado de San José y otro para niñas también de tres aulas denominado la Inmaculada.

Una vez aprobada la construcción en el pleno del ayuntamiento, se desplaza a Sevilla y gestiona un préstamo con la caja de seguros sociales ahorros y social de Andalucía de 100.000 pesetas para pagar la ejecución de las obras. En enero de 1927 se desplaza a Bornos para la inauguración el general Miguel Primo de Rivera fotos que se ajuntan del primer mandatario en España.

Pero lo verdaderamente importante, era su extrema generosidad. En los años posteriores a nuestra contienda, que el hambre hizo mella en todos y cada uno de los habitantes de nuestro pueblo, especialmente en los niños, D. Hilario repartía ingentes cantidades de pan, entre los mas pobres y sémola para los mas pequeños. Todo el pan que consumían las monjas de la orden de las clarisas del convento del Corpus Christi, era suministrado de forma gratuita, así como el pienso que necesitaban las monjas para la cría de los animales que ellas tenían en el convento.

D. Hilario era un hombre de profundas convicciones religiosas. Dos de sus hijas se hicieron monjas y durante su mandato al frente de la corporación, a la calle Granada se le cambió el nombre por la del vicario Jerónimo Armario Rosado, costumbre ésta, que hicieron varios de los alcaldes que le sucedieron, dedicándoles calles o plazas al párroco D. José el cura o actualmente a D. Jesús Gonzalez Ramos. Poseía varios olivares y la aceituna prácticamente no la recogía, se la dejaba para que la recogieran a los trabajadores, o a cualquier persona que quisiera hacer acopio de ellas totalmente gratis.

 

 

 

 

 


Repartía muchas limosnas entre los mas pobres y sobre todo a los niños. Testimonios como el de Perico Calderero, que aquí refiero porque él lo ha publicado, que una de las veces que fue a ver a su progenitor que trabajaba en la fábrica, al verlo le preguntó a su padre ¿De quien es este niño? El padre le respondió que era su hijo y D. Hilario le dio una peseta que en vísperas de la feria era bastante dinero. Cuando iba a Sevilla solía traer rollos de tela, que repartía entre sus trabajadores por metros, a un precio totalmente simbólico, para que en casa pudieran hacerse prendas de vestir. También les daba un kilo de pan diario.

Construyó pisos para los trabajadores al final de la calle del Puerto. Estos eran en régimen de alquiler a un precio insignificante. Murió en el año 1961 y sus restos se encuentran en el cementerio municipal de Sevilla.

Creo que la cantidad de obras benéficas, que este magnifico hombre hizo en nuestro pueblo, es digna de que al menos se le recuerde, dedicándole una plaza o una calle a titulo póstumo.

Desde aquí pido a la corporación municipal, tenga a bien llevar esta petición, al pleno municipal para su aprobación, que no dudo que se producirá tratándose de un hombre, que como dicen muchos de nuestros mayores, quitó mucha hambre y dio de comer a muchas familias con los puestos de trabajo que creó.

Paco (Castro)

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Comentarios

hilario

Pues si  no existe historia negra y todo es como dices, cosa que ignoro, mereceria no una calle o plaza, sino ponerle el nombre al pantano. He leido varias cosas de Perico y todas van en la misma dirección, cuando en Bornos no habia donde agarrarse, este hombre echaba una mano a los mas necesitados.Lo que cuentas de los olivares me suena, pues donde nosostros jugabamos nadie recogia las aceitunas, el que las queria para el,.Propuesta aprobada. Un saludo