Lavaderos

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Estas son mujeres para la historia. No he leído nada sobre ellas en ningún libro. Lavaban en estos lavaderos metidas en agua en todo tiempo, lloviera o hiciera frío. Después de lavar sus cuatro trapos, hacían un lío, lo llevaban en la cabeza y subían la cuesta hacia el pueblo con sus críos cogidos a sus faldas mojadas. Si esas piedras gastadas del lavadero, hablaran, fiel testigo de lo que la mujer se ha gastados sus manos y han visto sus rostros de sufrimiento y el temor que al llegar a su casa, esperar al marido,si ha traído cisco, espárragos o pajaritos, que ellos no comían que vendían de puerta en puerta para llevar a su familia adelante.

Todos son recuerdos que quedan grabados para siempre. En este lavadero observaba que el agua salía para regar un huertecillo que estaba pegado a La Aceña. Cuando el agua salía del lavadero, iba teñida de blanco del jabón. Cuando llegaba a su  destino para regar, el agua estaba transparente y limpia. La misma tierra donde venía arrastrándose la había purificado. Lo comparaba como la vida misma que le hace falta ese proceso.

Quiero aclarar, sé que lo sabrán porque era conocido por todos, pero los mas jóvenes tal vez no. Volvamos otra vez con la fuente que nos sirve de referencia. Frente a ella estaba la huerta primera o la huerta de la fuente fuera, como así la llamábamos. La huerta segunda o fuente dentro, así es como eran conocidas. La fuente pestosa o fulgurosa era agua curativa para la piel. Frente a ella, en la huerta primera había unos pilones rectangulares separados por tabiques para bañarse con dicha agua, que por cierto estaba tremendamente helada con su característico olor. En la huerta segunda había una casona de tres plata que rompía con el entorno. Ya en el pueblo, en aquella época en la calle alta, había otra de tres planta, reconocidas por mí, no se si había mas.

Un saludo para mi gentes de Bornos de  ACEÑA.
 

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Comentarios

SOLEDAD DE LA CAMPANA

Aceña, con su talante abierto y su hipersensibilidad, nos redescubrió que no suenan las campanas en Bornos.Quizás, porque siguen el dictado de Machado, que enmudezcan las campanas y suenen los yunkes.
Hoy, día del libro, de las letras, de las palabras, me han venido a la mente unos versos de Pacheco, Premio Cervantes 2009, sobre la "soledad de la campana".Bien vale que los recordemos hoy:
 "Soledad de la campana./Le dice adiós al tañido./ ültimo son de su bronce,/ flecha ardiente en el silencio./Vaya en busca de los ecos/ pero nadie le contesta".

Si caminar por Bornos es un deleite, ¿qué no será oir un repique, con gracia y salero,del camapanario bornicho, mientras nuestras pisadas dejan una leve marca en la tierra?.Puede que Aceña nos tome de la mano y nos lleve a oir los ecos del campanario.     

ACEÑA, BIEN VAL UN, ¡OLÉ!

 

Una bellísima lección de antropología social.Hay obras de pintura magistrales sobre el tema de la mujer, el trabajo y, sobre todo, las lavanderas.Las que aportaban el toque humano a una convivencialidad ríca y enriquecedora.Eran fuente de información y de amistad entrañable, entre las matronas del pueblo.Pero sobre todo eran el nudo gordiano de una sociedad rural y de un potencial humano emergente en la serranía gaitana.Pero no he visto obras maestras reflejando estos planos de una vida que se nos fue,pero nos dejó su cultultura y su miel.

Ha llegado Aceña, con su sensibilidad.Su capacidad atrapadora de mil y un detalles de lo humano, la que, con papabra ligera, abrazadora y directa, nos pinte una escena costumbrista, sociológica, como la que más y antropológica de alta escuela. Un cuadro costumbrista y localista de tan delicados perfiles y magistrales descripciones, que emergen en mi mente unos versos que se ajustan al hacer de Aceña.Es que, solo la palabra salva la memoria y abre paso a la espernza.

Aceña rompió el cristal sépia del ayer y puso luz en le memoria para abrirnos a la espranza de recobrar lo que es Bornos en su cultura.Sus gentes.Muy nobles y leales,en el ser y el estar.Como Aceña,en su corazón.Que no le tiemble el pulso para contarnos, relatarnos, decirnos que Bornos no solo es hoy una bella ciudad a la que hay que atender, sino que tiene un submundo cultural enriquecedor para un mundo que está perdido el norte, la guia el calor por lo natural.Aceña, bien vale un ¡olé!