El pazante y la pazantería

La palabra pazante, podría definirse como un vocablo del lenguaje local de Bornos, aplicado a la persona “cotilla”, que está siempre pendiente de la vida de los demás y va contándoselo a sus semejantes incluyendo en el comentario, sus propias conclusiones, es decir, de una realidad saca 40 mentiras y de una mentira cree extraer 40  formas distintas de ver la realidad.

El pazante no tiene por qué ser necesariamente una persona mal intencionada; puede utilizar esa condición para persuadir a su interlocutor de algo que está pasando a su alrededor y de lo cual éste ha pasado desapercibido. Pongamos por caso un ejemplo típico; (una conversación entre 2 personas, una de las cuales tiene esa condición; en el devenir de la charla, surge la observación:

- Fulanito, ¿se ha dado usted cuenta de que tiene aquí una mancha?
- ¡ah!, pues no no me he dado cuenta.
- Pues yo llevo rato mirándole y estoy pensándome si decírselo o no.

Como puede desprenderse del diálogo mantenido entre los 2 conversadores, El pazante, no queda tranquilo hasta no haber dejado en el encuentro, su sello característico. Si nos damos cuenta, la intención del Pazante, no es mala por cuanto advierte a esa persona, que tiene una mancha; pero ¿quién puede adivinar el verdadero propósito de su observación?.

El pazante está siempre en acción, es un observador nato, para bien o para mal. El pazante dice haber visto lo que nunca sucedió, dice haber oído lo que jamás fue pronunciado, del ladrido de un perro, saca el aullido de un lobo, del sonido de una campana, saca un difunto, o un incendio, o “sabe Dios qué”; El pazante en grado sumo, no necesita argumentos, si no los tiene, los inventa.

El pazante, lo es en grado superlativo, si además de dar fe de su condición, la exajera, o sea, que magnifica aquello que ve, o dice haber visto, dice haber escuchado donde ni siquiera oyó; en definitiva, El pazante no establece diferencias entre escuchar y oir, entre ver e imaginar; se da el caso de que cuando intuye que su interlocutor ha tomado nota de su postura, hace creer que ha soñado lo que dice; podría decirse que está dotado de un resorte especial que le hace creerse lo que dice y además intenta de mil maneras que los demás se hagan partícipes de sus creencias. Al pazante podría atribuírsele perfectamente el título de “Rey de la inverosimilitud, lo cual podría hacer pensar a alguien que es una forma diplomática de calificar a un mentiroso; no, El pazante es, Pazante, no es mentiroso ni sordo ni ciego ni tonto, ni más o menos inteligente, ni bueno, ni malo, ni regular; El pazante es, eso, pazante y no hay otra forma de definirlo.


La pazantería:

La pazantería es “el modus vivendi” del pazante; la pazantería no es ni la mentira disfrazada, no es la realidad magnificada, ni es un comportamiento extravagante por parte de quien la ejerce. La pazantería podría definirse como una forma peculiar de ver las cosas, otra dimensión de la realidad, un punto intermedio entre lo real y lo ficticio. De la pazantería podrían llegar a extraerse experiencias positivas; el practicante de la pazantería ha llegado a persuadir en ocasiones al ladrón para que desista de su actitud. La pazantería tiene gran parte de su origen en el bulo, en el rumor más o menos fundado, la condición de pazante, no es innata, aun cuando pudieran darse casos en los que tal condición pudiera darse desde la más tierna infancia, incluso que pudiera heredarse; pero esa condición requiere una cierta experiencia y tal vez incluso unas cualidades que sí podrían ser genéticas. La pazantería no es una virtud, pero tampoco estaríamos en lo cierto si la catalogamos de maldad; la pazantería es también curiosidad y como tal debemos entenderla, la curiosidad no es sinónimo de maldad, la curiosidad bien utilizada es una cualidad altamente positiva y que forma parte de las herramientas utilizadas por muchos investigadores para llegar a establecer sus teorías de las que se alimentan los grandes descubrimientos de la ciencia, por lo cual, mucho cuidadito con descalificar a la pazantería; es más, tratándose como se trata de una cosa tan nuestra, yo lanzo desde aquí mi propuesta para que la recoja quien corresponda, en favor  de esta condición, como motivo para hacer un monumento en Bornos, “a la pazantería y al pazante”. Espero recibir algún día la buena noticia de apoyo a esta modesta sugerencia.

José Nieto López

Artículo enviado por José Nieto López por medio del sistema de publiación de pazante.com.

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